LOS ORDENES DEL AMOR SEGÚN: BERT HELLINGER

Actualizado: 14 de ene de 2019



El concepto principal en las Constelaciones familiares son los órdenes del amor.


“Con amor, solo con amor, no basta. Tiene que estar en orden”  Bert Hellinger.


El amor no es suficiente para el éxito y la felicidad en la vida, el amor no basta. ¿Cuántas personas aman profundamente a su pareja pero las diferencias irreconciliables los abocan a la ruptura y no pueden seguir juntos?


¿Cuántos padres aman a sus hijos con toda el alma, les dan lo mejor de sí y ven cómo estos hijos se pierden en comportamientos autodestructivos?


El amor es como el agua, que sin un cauce o un recipiente que lo contenga, se desparrama.

Hay tres leyes que le dan ese orden, esa guía, esa contención al amor, para que fluya, riegue la tierra y la fructifique en vez de perderse.

Foto tomada de la red

La primera ley del orden es la pertenencia: Todos por nacimiento pertenecemos a una familia y existe un alma común para todos los miembros del sistema familiar, que anhela estar completa. Si por algún motivo se excluye a alguien, el sistema reacciona y un miembro de una generación posterior se verá afectado por ese hecho. 

¿Y cómo se excluye a alguien del sistema? Cuando le cerramos el corazón, cuando ya no lo consideramos parte de la familia.

A veces por vergüenza se rechaza a la persona que cometió un delito que robó, mató o que simplemente no cumple las normas sociales de la época.




La segunda ley habla de la jerarquía en función del orden de llegada al sistema familiar:   Hellinger dice que lo que ayuda a alcanzar la felicidad, es que cada cual esté en el lugar que le corresponde.

Que los padres ocupen el lugar de los padres y que los hijos ocupen el lugar de los hijos. En este sentido se dice que los padres son los grandes frente a los hijos que son los pequeños. Y en la pareja, que sean igualmente adultos, es decir, iguales y situados hombro con hombro.

Amor de pareja

La tercera ley habla de las dinámicas en el dar y el recibir: Cómo es el proceso de tomar, ya que la vida se sustenta en el flujo del dar y el recibir.  Ese es el equilibrio sano entre iguales, en todas las relaciones que establecemos, salvo en el caso de la relación de padres e hijos. Sobrevivimos porque nuestros padres nos dieron mucho y ese es el desequilibrio natural para que la vida fluya. Los padres dan y los hijos reciben.

Estas leyes sistémicas permiten que la vida fluya hacia adelante y en ellas se basa la terapia. Se aplica  tanto en sesión individual como en sesión de grupo y los resultados son sorprendentes. Nuestra mirada cambia, se amplía y nos volvemos más comprensivos, más sabios. En definitiva nos sentimos más felices y en paz.

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